jueves 25 de junio de 2009

uno más uno no es cero, es tres

el desierto es un infierno romántico
y lo cruzamos en un coche rojo
como el rojo de tus labios si te los pintaras
con el lápiz que nunca compraste
el capó arde, vemos el horizonte ondulante
es irreal, nunca llega
somos nosotros quienes no llegan, dices tú
el horizonte no es el caminante, sólo espera, dices tú
somos los irreales, somos una ilusión
un sueño del horizonte
porque necesita de nuestra figura lejana para ser horizonte
eres estúpida pero me gusta como suena, digo
los insultos entre nosotros son un juego cinematográfico
como todo lo que decimos y hacemos.
tú y yo, cariño, somos los ojos
de la cabeza de una oruga gigante
formada de arena en suspención
que avanza veloz y recorta el mapa, le digo
y el crío de atrás, ese niño que salió de tus entrañas
y me recordó lo asquerosamente alienígenas que somos
(especialmente vosotras)
y me recordó lo normal que podemos llegar a ser
(especialmente vosotras)
ese crío es el cerebro y el corazón
el que mueve todo esto
quietito y callado como un sol
y yo siempre imaginé que mi hijo sería un jedi
pero nunca sospeché el verdadero poder
hemos llegado a la costa, perfilamos precipicios
a un lado tenemos una nada azul
a otro, una nada gris
y cada curva... cada curva una tentación tan fuerte
la velocidad es un engaño
lo cierto es que me hago caca
quisiera cagarme encima como el niño
y sé que me limpiarías pero luego querría desaparecer
y eso es lo que en el fondo siempre he querido hacer
sabes?
yo nunca quise procrear
sólo pretendía desaparecer
y tu entrepierna me pareció un lugar estupendo para esconderme
siempre quise formar un bonito cero entre los dos
ya ves, mírate ahora, me pregunto por qué sonríes, 
parece felicidad
parece que confías en este chófer de pacotilla,
escuchando la música, despreocupada,
... quizá sea este el momento
de dejar la carretera
y darnos un último chapuzón.

sábado 13 de junio de 2009

qué bonitas son las ratas (2)

su pequeño estudio contaba con lo suficiente: una mesa de billar tapada con un panel de madera para usarla como mesa normal; un saco de boxeo colgado cerca de una cama que nunca se convertía en sofá, un armario, una pequeña estantería con unos seis libros, una mesita de luz, microondas, lavadora, pequeña nevera, y poco más.

mientras la esperaba decidió ponerse los guantes que descansaban encima del armario y darle un rato al saco. así, además de olvidarse que estaba esperando, sus músculos se verían un poco más hinchados cuando ella llegara, se quitaría los guantes despacio delante de ella, los tiraría, se miraría las venas de los brazos mientras comentaba cualquier cosa, luego tomaría una cerveza empapado en sudor, con una toalla blanca colgada al cuello, se ducharía y después follarían y después harían el amor.

cogió los guantes y de ellos salió una cucaracha que le hizo tirarlos inmediatamente al suelo.

cuando ella llegó... ah! llegó ella con un vestido de chalís azul que parece que cada segundo está haciendo un esfuerzo por no dejar esas tetas salir al mundo, y ah! sus ojos, sus labios, su pelo, esas piernas sobre zapatos negros de tacón... así llegó, pero lo primero que dijo es Qué peste, y puso cara de asco y abanicó la mano por delante de la nariz como espantando moscas o humo de tabaco, pero no era nada de eso, era el olor a sudor de un pobre boxeador. Volveré en 20 minutos, dijo ella, dúchate y ventila esto un poco quieres? y se marchó la muy puta. Así que él se quitó los guantes se duchó se tomó un zumo con la ventana y la puerta abierta para que hubiera corriente de aire, el vecino pasó por el pasillo sin olvidar echar un vistazo al interior de la casa y dijo -Ten cuidao que hay ratas-, solamente para mirar más rato el interior de esta casa no porque verdaderamente quisiera prevenirle.

Continuación de qué bonitas son las ratas: volvió ella y pocas palabras más tarde se desnudó, él fue a abrazarla desde atrás mientras ella se cambiaba de pendientes (¡?) frente al espejo del armario, entonces ella le dijo no me toques las tetas, no sabes cuánto me han costado. ¿quieres algo de comer? Preguntó él dirigiéndose a la esquina que se consideraba cocina, No, ve desnudándote que tengo dos clientes más hoy, dijo ella.

Ella lo vio venir por el espejo, vio su sonrisa acercándose a ella, sus ojos de hielo. Por un momento, hasta le pareció guapo, una guapura más allá del maquillaje que ella usaba, más allá de sus labios rellenos, más allá del dinero, más allá de la gomina,… más allá o más acá, da igual, en otro plano; estaba él acercándose con un cuchillo escondido a su espalda, él con su cara de calle, sus deseos de amor, por un momento vio la pureza ella, justo cuando se le caía uno de los pendientes y entonces él la tomaba por atrás definitivamente esta vez no para tocarle las tetas sino que le tapa la boca, y ella se ve ahí en el espejo, ve su boca tapada por una mano que no reconoce, una mano que le recuerda al sudor y a un saco de boxeo balanceante, y entonces la otra mano aparece por el otro costado y le apuñala el cuellito de muñequita.

La tira a la cama y la castiga dándole unos azotes en el culo, disfruta viendo sus rígidas tetas redondas agitarse con cada azote, le mete los dedos en la boca, muerde sus pezones, le mete los dedos por un agujero y por el otro, y finalmente los mete en el agujero del cuello que abrió el cuchillo de cocina. Entonces no puede aguantar más y se baja los pantalones con la intención de penetrarla por la herida y correrse ahí dentro, pero suena el telefonillo.

Y él se queda quieto como las cucarachas esas ante la luz repentina.

El telefonillo suena otra vez. Y otra. Y luego el teléfono móvil, "Mamá" pone en la pantalla.

-        ¿Mamá?

-        Niño, ¿qué pasa que no abres? Estoy tocando al telefonillo.

-        ¡ah! Es que está roto, no suena. ¿qué haces aquí mamá?

-        Bueno pues ábreme, que subo.

-        Ah, es que…, es que no estoy aquí, digo no estoy en casa, mamá. ¿cuándo has venido?

-        ¿cómo que no? Si se ve luz desde aquí.

-        Me la abré dejado encendida, mamá.

-        Pero si he visto tu silueta niño, tienes las cortinas cerradas pero he visto tu sombra, estoy seguro que era tu sombra.

-        Ah no, ese será un amigo mío que tiene llaves y le dejo entrar con su chica cuando no estoy. Se parece mucho a mí, tiene mi misma figura. Mucha gente piensa que somos hermanos.

-        Niño, vaya ratas que hay por tu calle, son más bonicas!

-        ¿Qué dices ma? Las ratas no son bonitas, cóm pues cir eso?

-        Sí son bonicas, son como palomas pero sin alas, pobrecicas. Mira, ahí va otra…, más majicas ellas. Pero en fin, que dónde estás? Que he venido a la ciudad a verte!

-        No estoy lejos, vete al bar ese de la esquina y estoy contigo en media hora.


miércoles 10 de junio de 2009

qué bonitas son las ratas, son como palomas pero sin alas..., pobrecitas.

después del gimnasio, pasando por una calle negra y angosta camino a casa, pensando qué iba a cenar y regodeándose en lo fuerte que se sentía y sintiendo lo buena que era la música que llevaba enganchada a los oidos, se vio repentinamente asediado por unos malhechores bastante feos y agresivos que le pidieron dinerito y cualquier cosa de valor. él se opuso con algo de intensidad la suficiente para llevarse unas hostias, y se quedó ahí tirado en el suelo durante unos segundos con el cuerpo malherido y 50 euros menos en la cartera, pensando que el dolor de las agujetas ya no le sabía tan bien y se confundía con hemorragias internas.
al dia siguiente vio en el espejo una cara bastante asquerosa, un ojo de rocky balboa, un labio partido, una grieta en la ceja... ah qué pena, con lo bien que le quedaba esa epidermis. bueno, no da tanta pena porque no la acababa de comprar, sería el caso de un rasguño en el coche nuevo, su cara no era nueva, era la misma puta cara de todas las mañanas, la que envejece exponencialmente y irreversiblemetne pero ahora fíjate de repente pum una trama nueva a la textura que le va a dar un toque especial a su faz, pues mira, muy chachi si se trata de una cara desconocida en una foto, ahí distante y sintético, que las fotos no echan aliento, pero no mola tanto si se trata del espejo, eh, profético, es como ¡mira niño ahí viene la muerte!
entonces lo que apetece es meterse en la cama e intentar dormir, y cuando te despiertes te duermes otra vez, y cuando ya te duela el cuerpo y la cabeza y el culo y el corazón y el espíritu humano de tanto reposar, entonces te tomas ibuprofeno, paracetamol y sleeping pills please, y cuando despiertas de nuevo y te duele el estómago y el cabello te pesa como un caballo y las uñas se te incan hijaputas en la carne, entonces magia potagia! tachán! ya te has olvidado de tus problemas reales, a lo mejor con un poco de suerte te olvidas por momentos de quién eres y puedes ser feliz. Pero es lunes! y dada la situación económica es recomendable no faltar al curro, que ahora echan a cualquiera por cualquier cosa y esos cualquiera se echan a la calle a delinquir, o se echan a internet a lo mismo, y un buen dia cualquier vieja se ve en la tele diciendo que cualquiera era una buena persona y no se esperaba eso de él, nunca lo habría sospechado. pobre cualquiera, estaba desesperado. así que tuvo que obligarse a acudir a su puesto de trabajo y cuando llegó sintiéndose un loser superhero el jefe le vio y le preguntó que cómo se le ocurría venir a trabajar con esa puta cara de mierda y que se fuera a su casa a tomarse unos días offff y que no volviera hasta que pareciera una persona normal cosa que evidentemente sólo podía parecer, dijo, pero no ser.
una semana más tarde fue a la cola del inem, y ahí le dijeron dónde vas tú tan flamenco a pedir dineros, si ya no queda nada, mongolo, vete a delinquir o a rebuscar en la basura.
en internet era fácil distraerse con porno, porno, pornoooooo.. abundaban sobre todo las lolitas, las mujeres de plástico con cara de zorra alienígena y con supertetas, y las películas caseras con gordas y tías raras. Un diá se enamoró de una de estas putas de plástico, le pareció ver un alma real detrás de aquellas tetas rígidas, detrás de todo aquel maquillaje, detrás de aquellos labios, empalada sobre aquel fontanero,... le pareció ver un rayo de luz, quizá era una paranoia, era consciente de ello, era consciente de que podía ser una gilipollez momentánea suya, pero le pareció ver algo humano, quién sabe, quizá no todos los agujeros que había en aquella habitación del video eran de entrada, quizá sus días navegando por internet no eran un desagüe, pinchó unos enlaces hasta dar con la web de la chica, allí pudo ver algunas muestras de sus videos. siempre abusada por jefes o rescatada del tedio por una visita a casa... siempre igual, pero detrás de aquellas tetas redondas y rígidas, detrás de cada interpretación, cada mentira de su cara, allí más allá se veía siempre unos ojillos insatisfechos que esperaban un auténtico abuso, un auténtico rescate.
cuando vio el número de teléfono se derrumbó el techo y las paredes viejas, huyeron las ratas y las arañas y vio la luz del sol y vio las nubes moverse rápido y la hierba crecer, y al contemplar el camino le parecio sentir que su esternón iba a partirse en dos, toda la sangre abandonó la polla y se repartió por el resto de su cuerpo, le pareció que iba a explotar, y entre tanto la brisa le acariciaba. Ella ofrecía sus servicios de prostituta a domicilio, no precisamente un servicio barato pero y qué?
vino ella un miércoles opr la mañana...

miércoles 29 de abril de 2009

peras

Las peras son riquísimas. Las peras son el fruto. Las peras las pelas, risas. No es manzana, espera…, ¡es pera! Amor mío, amor mío, un peral. De China, de Argentina, de España,… Son peras, por siempre, cada día, desayuno, postre y cena. Recetas recomendadas. Son mucho más. Amigos, las peras son riquísimas. Mis manos están ahora pegajosas, ¿sabéis por qué? ¿sabéis por qué? Tú, pelaperas, ven connós. Las maduras o las más duras. Las pelas mientras lloran su fluido sexual, te bañan, te empapan, papá, papito, mamita, ay qué rica la perita. Báñanos, oleico, glutamínico, linoleico, ¡ascórbico! Beta caroteno. Magnesio, calcio y fósforo. Comamos, queridos comensales.

Después de los aplausos repartieron pequeños tazones que contenían trozos de pera bajo un chorro de miel. Aprovechando el renacido caos y la euforia general, se levantó de su asiento y huyó hacia los aseos. La atmósfera intelectualoide del evento le había dejado al borde de la asfixia. No tenía ganas de cagar, pero igual se encerró en uno de los cagaderos; de lo contrario tendría que entablar alguna conversación con quien llegara a mear o a peinarse o a empolvarse la nariz, y no le apetecía nada entablar una conversación, menos aún frente a los espejos que insistirían en gritar “esto es lo que está pasando, de esto eres parte”, menos aún entre el eco de los azulejos blancos que insinuaría “esta mierda estáis hablando, esto queda grabado y tus palabras te dibujan”. Bajó la tapa de la taza y se sentó.

Al poco oyó mujeres que iban entrando en el otro aseo, y otras que se agolpaban en la puerta con sus voces ininteligibles y risotadas que rebotaban por todos los rincones y se extendían como gripe porcina. Y al poco se oyó a alguien entrar en el aseo de hombres. Oyó sus pasos lentos y vacilantes hasta detenerse en cierto punto, le pareció que justo al otro lado de la puerta, y un toc toc corroboró esta sospecha.

—¡Ocupado!— dijo.

Había como 7 cagaderos. ¿Por qué coño iba al de la puerta cerrada? Puto maricón, pensó. Los pasos fueron al cagadero contiguo. Oyó que se bajaba los pantalones, ese tinklin de la correa. Él tiró de la cisterna y salió de la, ahora claustrofóbica, cabina cagadera. Sin embargo no podía salir del aseo, no tenía el valor o el estómago para salir y encarar una fila de mujeres que esperaban entre risas entrar en el otro aseo. Y aunque pudiera aparecer junto a ellas y pasarlas sin ningún problema, luego llegaría a la sala de actos donde estarían todos y donde tendría que comer peras y hablar con ella, y ella le acariciaría con sus manos pegajosas y le besaría con su aliento a peras y su risa de retrete. Por suerte, con un poco de maña y esfuerzo se podía salir por la ventana directamente a la calle. Eso calculó y así procedió.

jueves 2 de abril de 2009

dormir changados

ella me enseñó que changar es abrazar con las piernas, y muchas tardes nos dormimos changados frente a alguna película angloamericana en casa de su mamá postiza. yo la enseñé que un hombre podía darle más placer oral que su difunta novia, “sólo se necesita un poquito de música en la sangre”; muchas veces argumentaría que era lógico que una mujer pudiera hacerlo mejor, pero finalmente lo reconoció en su diario. la enseñé a desconfiar de las personas que más te quieren. ella por supuesto no sabía que yo leía su diario, hasta que lo supo, tampoco supo que le compré aquella falda con el dinero que robé a su mamá postiza, esto no lo supo nunca. Tampoco supo nunca o nunca quiso saber que la falda era más bien un regalo erótico para mí porque sus piernas descubiertas me hacían muy feliz, quizá por eso un día su subconsciente dijo que ningún acto altruista existe sino como carcasa de una naturaleza egoísta y entonces debatimos, discutimos, recordamos, nos enfadamos, hablamos, lloramos, nos reconciliamos, hicimos el amor y dormimos changados. la vida era más ficticia que las películas americanas, a menudo los personajes de la tele se sinceraban unos con otros y mostrarían sentimientos puros y pequeños acordes con el aire naif de toda su casi matemática existencia, y para nosotros la sinceridad era algo que pasaba sólo en la tele, como los coches que explotan y los pasajeros que sobreviven. nuestras historias se construían sobre la marcha como alguien que baila abriéndose paso por la muchedumbre y dibuja una trayectoria incierta buscando dios sabe qué. a veces nuestra barca hecha de mentira chocaba con pequeños icebergs hechos de verdad. esas verdades cuya totalidad intuíamos infinita y honda, verdades que nunca se veían enteras pero que ya dolían considerablemente, lo suficiente como para desgarrar por un momento las páginas de ficción que nos portaba y nos unía; esas verdades aparecieron ya como cuerpos innegables cuando leí su diario. en venganza, fui a ella y le dije toda mi verdad, se la lancé a la cara con rabia. discutimos, debatimos, callamos, discutimos, le solté una bofetada como hacía su papá con su mamá postiza, me echaron de casa y ya nunca la volví a ver con una sonrisa en la cara. ni en la suya ni en la mía.

poco después, desesperado, con el orgullo digerido, casi viviendo en la calle, me pregunté si todo lo que le dije era verdad, si todo lo que le dije era toda la verdad, o si no fue más bien sólo un fragmento de la realidad, un trozo con forma de puñal, la selección necesaria para dañar. también recordé como ella se aferraba a nuestra barca, gritando que aquel diario no era sino ficción, cosas que ella inventaba basándose en la realidad, contando cosas que había hecho sólo en su imaginación y que nunca podría hacer y que en realidad nunca querría hacer y que las expulsaba en forma de literatura. pero a mi eso no me parecía literatura, me parecía un diario. quizá me equivoqué.

así que fui a intentar recuperarla, le dije que todo lo que dije sólo fue con intención de herirla, que la verdad es que la amaba con locura. pero ella vio a alguien que venía en el momento equivocado, a decir verdades amputadas y mentiras descaradas para recuperar un techo digno, para tener una familia aunque fuera postiza. y quizá tenía razón.

así que debatimos, recordamos, discutimos…, y cerró la puerta.